Haciendo compras

Cuando era más pequeña me tocaba acompañar a mi madre al supermercado. Me acuerdo que lo más que odiaba era pasar casi dos horas viendo precios.

En el momento que ella se sentaba a hacer la lista ya tenía un estimado del costo de cada producto. Ella siempre andaba con una lista y con su libro de especiales de la semana. Comparaba precios y cantidad.

El momento en que me tocó hospedarme, gracias a que estudiaba lejos de mi casa, noté que era mejor comprar lo que necesito sin ver precios. Para empezar era más fácil y rápido. Por otro lado, no me consternaba mucho lo que gastaba.

No fue hasta que tuve a mi hijo que me di cuenta lo difícil que es hacer una compra. En estos momentos que me preparo para ir al supermercado reflexiono en esos momentos con mi madre. Creo que oficialmente toda mujer se convierta en su madre, por más que no lo quiera (sin ofender mami).

Tengo frente de mí la lista de las cosas que necesito, esto sin contar las frutas y vegetales. Siempre intento comprar alimentos saludables, no solo porque quiero cuidar mi peso y mi salud, sino que la salud de mi hijo también esté en vuelta. Si fuera por él, todos los días comeríamos pizza y si fuera por mí, todos los días comería pasta. Nota aparte, creo que nosotros fuimos italianos en otra vida.

Cuando dependemos de nuestros padres no nos fijamos mucho en cómo se nos va el dinero. Solo sabemos que queremos algo y vamos por ello. Ahora, es otro cantar.
A veces ni la lista es suficiente, me la paso comparando los precios, las calorías y hasta las onzas. No es lo mismo pagar cinco dólares por cuatro bolsas de galletas individuales que pagar ocho dólares por un paquete de galletas que te da para diez veces con la misma porción.

Si, ahora me ven con listas y bolígrafo pasando por todos los pasillos estudiando cada elemento de mi compra. No puedo decir que me tardo dos horas, pues tengo el factor mi hijo que se incomoda rápido y siempre quiere correr. Casi, casi, parezco un demonio de Tasmania cuando hago compras con él.

Verán, trato de recorrer el supermercado lo más rápido posible. Siento que es como un maratón cada vez que entro con mi torbellino. Mientras más rápido mejor. Ahora, cuando no tengo al pequeño, debo de admitir, que me tardo casi dos horas.
Ir sin mi hijo al supermercado es como estar de vacaciones. Me pasa cada vez que mi madre cuida a mi hijo para ir comprar algunos encargos. Ya sé porque mi madre se tardaba tanto, eran sus minis vacaciones, por lo menos antes que existieran los celulares.

Bueno, ya es tiempo de tomar mi lista, mi hermoso torbellino y arrancar al maratón.

 

 

© 2015 Maydie Ruiz Todos los derechos reservados.

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